Acción colectiva juvenil y transición democrática en el Ecuador: Formas asociativas juveniles en el gobierno de la “revolución ciudadana”

Compartimos el resumen del documento escrito por René Unda y Presentado en el II Foro ISA.

Durante las tres últimas décadas, la sociedad ecuatoriana ha experimentado distintas formas de movilización social agenciadas por diversos actores cuyas trayectorias y demandas se inscriben en un contexto caracterizado por una crisis persistente del sistema político y de sus instituciones. Dicha crisis, estrechamente vinculada a los cambios y transformaciones de orden económico producidos desde los primeros años de la década del setenta del siglo pasado, ha sido procesada de diversas maneras por grupos más o menos organizados de la sociedad en los que la idea de cambio social ha estado presente a través de prácticas y discursos que los han identificado como una particular forma asociativa.

Crisis de representación, expresada sobre todo en descrédito del sistema de partidos, atrofias e hipertrofias gubernamentales, así como una descomposición generalizada del sistema de la administración pública, constituyen vectores desde los cuales puede plantearse un conjunto de problemas que están a la base de tales manifestaciones y que, inevitablemente, refieren al carácter histórico de las relaciones entre estado y sociedad en el complejo proceso de configuración de la nación ecuatoriana.

En tal contexto, las formas asociativas juveniles han jugado un papel de primera importancia desde la perspectiva de la acción colectiva. La participación e incidencia política, frecuentemente soslayada en periodos anteriores al del gobierno de la Revolución Ciudadana, ha sido crecientemente reconocida y los canales de participación juvenil se han ampliado y diversificado desde 2007 cuando Rafael Correa asume la conducción gubernamental del Estado ecuatoriano. Tal reconocimiento político se reafirma con la aprobación de la Constitución del Buen Vivir en septiembre 2008. No obstante, y pese a que las agregaciones juveniles dicen sentirse reconocidos como sujetos de interlocución por el Estado, abren nuevos frentes de demandas y expectativas que configuran nuevas fuentes de conflictividad en la difícil y prolongada transición democrática del estado ecuatoriano.

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