Sociología de la infancia y política social: ¿compatibilidades posibles?

El presente texto, escrito por René Unda, pertenece a un capítulo de la publicación Infancia y Adolescencia en América Latina Aportes desde la Sociología editado y publicado por el Instituto de Formación para Educadores de Jóvenes, Adolescentes y Niños Trabajadores de América Latina y el Caribe (IFEJANT)

Infancia y Adolescencia en América Latina

 

Síntesis
La posibilidad de que las políticas sociales, en el capitalismo global, tengan eficacias que no sólo se limiten a compensar parcialmente a sectores poblacionales vulnerables se afinca, desde el ámbito de lo académico y específicamente universitario, en la producción de una sociológica de la infancia; un desafío que supone continuidades pero, sobre todo, rupturas respecto de aproximaciones y enfoques que han encapsulado la niñez como fenómeno social mediante la difuminación de representaciones sociales de infancia, comúnmente aceptadas, o a través de tendencias más vinculadas a ingenierías sociales que han aplicado
directamente fundamentos y principios sociológicos a la problemática de infancia y adolescencia haciendo abstracción de que este objeto condiciona, en sí mismo, la producción de una específica y particular sociología. Esta producción sería una de las condiciones de redefinición de indicaciones de política; sería, en suma, la esencial contribución académica para repensar la política social dirigida a infancia.

Introducción
Pensar una sociología de la infancia, que vaya más allá de la mera aplicación de principios sociológicos generales a la problemática
de infancia, como condición de la producción de políticas sociales para este sector poblacional específico representa un desafío nada obvio en varios sentidos.

Primero, el estatuto teórico de una sociología de la infancia supone la revisión del acumulado sobre el tema, lo cual en sí mismo constituye una tarea nada exenta de dificultades, tanto por la dispersión de enfoques con las que se ha abordado la problemática como por la relativa ausencia de una producción sociológica sostenida.
Luego, el campo de infancia y adolescencia se encuentra muy atravesado por una vasta gama de representaciones sociales propias del sentido común e instaladas en el cotidiano individual y colectivo, hecho que también supone más dificultades que posibilidades analíticas y explicativas sobre el tema. Finalmente, la concepción de las políticas sociales y su articulación con “los sectores más vulnerables” de la sociedad configuran un escenario complejo para una tarea como la propuesta.

Este trabajo, que se inscribe en un programa de investigación más amplio y cuyo espacio natural es el de las maestrías en derechos de la infancia y adolescencia que llevan a cabo varias universidades de la subregión andina en convenio con SCS, tiene un doble propósito: 1)plantear vías analíticas y explicativas del fenómeno infancia como objeto sociológico con sus propias particularidades, relaciones y autonomía relativa, y 2) analizar críticamente el campo de articulaciones entre políticas sociales e infancia como espacio privilegiado de aplicaciones sociológicas, cuando no de proyectos basados en representaciones instaladas en el sentido común y que aparecen como “obvias” en gran parte de las prácticas y discursos institucionales. Sobre la base de este objetivo
se intentará dejar establecidos algunos lineamientos que permitan pensar en recomposiciones en las indicaciones de política social más que en sus reingenierías a partir de lo que mínimamente debería considerar una sociología de la infancia.
Para tales efectos, se desarrolla un análisis de las posibilidades de aproximación sociológica al campo de infancia y adolescencia, desde aquellas discursividades que enmarcan la niñez y el niño como objetos “desnaturalizados” de su condición social, ajenos a las relaciones sociales, institucionales y familiares, hasta concepciones y formulaciones con las que se abriría la posibilidad de construir una sociológica de la infancia. Evidentemente, caben en una posición intermedia, dentro de estas posibilidades, los enfoques aplicativos de la sociología, expresados,sobre todo, en las políticas y programas sectoriales para infancia y adolescencia.

El recorrido analítico en el campo de las políticas sociales, que en este trabajo constituye más bien un ejercicio de síntesis, se centra en el interés por reconocer la genealogía de la producción de políticas sociales más que en el balance y evaluación de las mismas; esto es, privilegiar el marco de relaciones de producción de politicidad, constituido y delimitado por el Estado y su contraparte societal, así como por sus espacios de articulación, por sobre la interpretación de los efectos y resultados de la aplicación de políticas y programas. Cabe indicar, que la misma naturaleza de la discusión sobre políticas sociales conduce a referencias muy específicas –las variantes de política social entre uno y otro estado latinoamericano son elementos nada desdeñables para el análisis- y que, en el presente caso, estarán referidas al caso ecuatoriano.

Un mínimo ordenamiento metodológico, creemos, exige partir de un somero análisis de los discursos con los que se ha abordado el
campo de infancia, los aportes y dificultades que estas perspectivas han generado para lo que podría ser el establecimiento de un estatuto teórico mínimo para una sociología de la infancia. Este inicial ejercicio se articulará con las concepciones y usos de
política social dirigida a infancia, con referencias directas al caso ecuatoriano, con el objeto de demostrar, dentro de los límites de este trabajo, la necesidad de pensar una sociología de la infancia que no sólo trascienda los discursos y lugares comunes en torno a infancia sino que, ante todo, permita comprender la infancia como un objeto sociológico particular en el conjunto de relaciones y articulaciones sociales en general.

Todo esto, con una finalidad práctica muy concreta: contribuir a la  redefinición de las indicaciones de política y sus subsiguientes procesos como posibilidad reconstitutiva del Estado en tiempos de repliegue estatal frente a la acometida de lógicas  transnacionales- corportativistas y de descentramiento de la política como espacio ordenador de sociedad.

Despejando el camino: de las dificultades a los desafíos

Más que establecer una taxonomía por niveles de los diversos discursos en torno de infancia –tarea que requeriría justificar la utilización piramidal de presupuestos conceptuales- parecería pertinente partir de una identificación según tipos de discurso. Se trata, en primer término, de identificar las procedencias y enfoques desde las que se trata el tema infancia Existe, ciertamente, una primera gran dificultad: cómo entendemos el proceso de construcción sociológica de un determinado objeto en tiempos de gran dispersión discursiva, fragmentación de sentido y multivocidad posmoderna. No daremos demasiados rodeos –ó no más
de los indispensables- sobre la definición de un objeto sociológico, es decir, de cómo el hecho social (prostitución infantil, por ejemplo) se convierte en hecho sociológico (determinaciones-condicionamientos estructurales y relaciones-acciones particulares del problema de la prostitución infantil) mediante la activación categorial de interrogantes, es decir, mediante la investigación .
Una siguiente consideración de partida consiste en el reconocimiento de que la misma producción sociológica se ha diversificado y
especializado a tales niveles y con arreglo a fines de reproducción social, que muchos de sus campos particulares han sido tratados como objetos de intervención más que como objetos teóricos. Evidentemente, detrás de estos tratamientos existe un complejo entramado de interacciones que van desde las determinaciones más globales en términos económicos y políticos hasta los intereses particulares de corporaciones, también constitutivas de la lógica de lo global. En suma, más  que el interés por el desarrollo de un pensamiento sociológico, lo que se ha evidenciado es una amplificación e intensificación de la presencia de las ingenierías sociales diseñadas para subsanar el problema infancia, hecho que ha repercutido en el establecimiento de ciertos presupuesto básicos para desarrollar una sociología de la infancia.

Las mencionadas dificultades se expresan en dos aspectos generales: a) el cúmulo de representaciones sociales, sistemas de creencias y lugares comunes bastante compartidos que ha servido para abordar discursiva y operativamente las problemáticas de infancia, y b) una notoria dispersión, tanto de sentidos como de discursos y prácticas, con la que se ha tratado el tema infancia.
Lo primero tiene varios efectos. Quizá, el más relevante desde la perspectiva académica sea las ingentes dosis de emocionalidad y
espontaneismo con que gran parte de la institucionalidad pública y privada ha tratado el tema infancia y, específicamente, las problemáticas de los sectores más vulnerables de la infancia. Es bien conocido que cuando los árboles no dejan ver el bosque, el extravío en laberintos sin fin es inminente y el despliegue de una serie de estrategias y recursos tiene, finalmente, muy bajas eficacias. No se trata de desconocer la necesidad de actuar de forma urgente e inmediata sobre varias de las acuciantes problemáticas de infancia y adolescencia y, mucho menos, de menospreciar el trabajo de instituciones y personas convencidas -parafraseando a Dolto- de “la causa de los niños”. Sin embargo, lo que no pueden desconocer quienes trabajan desde diversos ámbitos y niveles en el tema infancia, es que muchos de los tratamientos, en términos de políticas sociales o programas integrales y sectoriales dirigidos a infancia, son plenamente coherentes con las lógicas asistencialistas, cortoplacistas y finalmente constitutivas de la espiral de empobrecimiento en la relación actual norte-sur.

Adicionalmente, sobre este primer punto, la reflexión sociológica sobre infancia debe enfrentar todo un conjunto compacto de creencias y representaciones instaladas en el sentido común y que, en lo fundamental, se condensan en percepciones que definen al niño como no apto, como adulto pequeño, o como entidad externa a las relaciones sociales en su conjunto. Así, “el trabajo sociológico de objetivación”1 en el campo de infancia y adolescencia resulta mucho más difícil. La segunda observación, derivada de la anterior y relativa a la notoria dispersión en el abordaje y definición de campos y articulaciones conceptuales propios de una sociología de la infancia, no ofrece mayores obstáculos en cuanto a su constatación. Existe un importante acumulado producido sobre problemáticas de niñez en el que se han abordado muy diversos tópicos, pertinentes sí, pero desarticulados de elaboraciones teóricas propias del campo conceptual de una sociología de la infancia.

Podría decirse, como acertadamente puntualiza la socióloga española Marta Martínez 2 , que lo que ha existido, en rigor, es una presencia de la infancia en la sociología y no una sociología de la infancia como un “campo cultural” específico. Por una parte, operan representaciones no procesadas sociológicamente y, por otra, se aplican sin mediación conceptual alguna, preceptos y principios sociológicos generales a las distintas situaciones y problemas de infancia, lo cual impide construir una real socio-lógica de infancia. Esta tendencia se explica, más que por una desviación facilista, por la relativa ausencia de investigaciones que definan categorialmente –sociológicamente- su objeto de estudio. Se investiga directamente el hecho social, sin que se considere necesario, teórica y metodológicamente, su problematización en términos conceptuales.

El resultado de lo anterior es, generalmente, una amalgama de conceptos de distinta naturaleza, usos indiscriminados de categorías no pertinentes o ajenas al campo investigado. Ciertamente, puede generarse productos residuales como la obtención de registros de problemática, generalmente estadísticos, o, en el mejor de los casos, explicaciones generales útiles pero claramente insuficientes que aluden a factores estructurales como causas directas de las distintas problemáticas de infancia.
La exclusión, por ejemplo, proceso y producto del (des) orden global actual es, sin duda, un factor estructural del proceso de callejizacióndel niño pero insuficiente como causa explicativa de dicho proceso.Como puede observarse hasta aquí, las dificultades señaladas en la construcción del objeto sociológico provienen de una matriz de representacionessociales en las que predomina la tentación de actuaciones e intervenciones directas sobre la “población objetivo”. Sus efectos, no sólo determinan sucesivos postergamientos en la tarea de construir – pensar- una sociología de la infancia sino que, además, aplazan posibles marcos de acción sostenible en favor de la infancia, cuando no agudizan o encubren temporalmente una cierta problemática de infancia.

Creemos que, sin mayores y precipitadas pretensiones, la construcción de una sociología de la infancia debe plantear el desarrollo de un proceso en dos sentidos de orden conceptual y metodológico. El primero, atendiendo a las formulaciones de la sociología clásica, al acumulado del saber sociológico, en el que los hechos y problemas sociales son hechos producidos por la sociedad; de este enunciado se desprenden dos cuestiones fundamentales para la investigación sociológica: a) el hecho social está articulado con otros hechos sociales que operan como determinaciones, condicionamientos o efectos de aquel, y b) ningún hecho social se produce al margen de su espacio “natural” de producción: la sociedad. Por lo tanto, ningún hecho social es externalizable, ajeno y extraño a la sociedad.

En esa medida, las posibilidades de desarrollo progresivo de la sociología de la infancia están ancladas en la categoría de continuidad;  “en el trabajo intelectual serio no hay comienzos absolutos, y se dan pocas continuidades sin fracturas”3  Puede argüirse al respecto, que la masa crítica de la sociología de la infancia es todavía “muy precaria, incipiente, ensayística…” 4 , lo cual es bastante cierto, sin embargo, existe un acumulado sociológico que permite conocer cómo se generaron y desarrollaron muchos subcampos sociológicos, cuáles fueron sus continuidades respecto de los principios sociológicos básicos, cuáles sus contradicciones o tensiones internas, y cuáles sus categorías específicas que constituyen su campo conceptual particular. Pero desde la perspectiva de las “fracturas”, la construcción de una sociología de la infancia prefigura un horizonte mucho más prometedor y, por qué no, apasionante. Desde la misma ubicación de la infancia como objeto sociológico, la necesidad de rupturas epistemológicas deviene inevitable. La crítica de las representaciones sociales dominantes de infancia, el desmontaje conceptual de sistemas de creencias, y la reversión de tópicos sobre infancia, sólo serán posibles si se plantean rupturas que demuestren la validez de la ciencia como referente explicativo de distintas problemáticas concretas. “La ciencia sería innecesaria si la realidad se explicara por sí sola” (C. Marx). En lo que sigue, retomaremos el tema de las rupturas en un marco más delimitado y preciso de las distintas discursividades sobre infancia.

Tipos de discursividades sobre infancia Sobre la base de las dificultades señaladas hasta aquí, trataremos de identificar una muy elemental tipología discursiva, presente en el campo de infancia. Según Sánchez Parga, tres serían los niveles discursivos sobre infancia: el infantológico, la sociología aplicada, y la sociología de la infancia. Adicionalmente, este autor identifica un tipo
de discurso al que denomina jurídico-tecnocrático, expresado en convenciones, declaraciones y acuerdos, códigos y normativas.

Más allá de situar la discusión en torno a que si son niveles o tipos, lo fundamental radica en la caracterización y diferencias entre estas perspectivas, y en sus implicaciones y efectos.
Lo que Sánchez Parga denomina «infantología» podría interpretarse, empleando la terminología de la tradición sociológica, como
una aproximación sociológica “ingenua” sobre infancia. Como se ha dicho ya, en esta perspectiva converge un cúmulo de representaciones sociales que por sus efectos emotivos y su carga de afectividad difícilmente son cuestionados. Es más, constituyen referentes para la acción e intervenciones sobre grupos de niños, desde organismos e instituciones con sentido filantrópico o asistencialista.
Al niño, desde esta perspectiva, se lo concibe como un objeto externo a las relaciones sociales, producto de una severa dificultad para desprenderse de ideas y representaciones muy internalizadas y difundidas, a la vez que compartidas por vastos segmentos poblacionales.
Un segundo tipo de discurso que identifica el autor precitado, es el de la sociología aplicada a problemas de infancia. Más allá de la dificultades señaladas en el numeral anterior, referidas al postergamiento de la elaboración y discusión teóricas, el fundamental problema radica en su estrecha articulación con la producción de políticas sociales. Y, como se verá más adelante, las políticas sociales, desde esta perspectiva, no pueden sino responder a lógicas asistencialistas y compensatorias, a amortiguar parcial y temporalmente los efectos de los desequilibrios producidos por la implantación de las políticas económicas.

Un tercer tipo de discurso sería el de la sociología de la infancia, aquella que presenta al niño como un hecho socialmente producido, pero que no se queda en la utilización de categorías generales para posibles explicaciones sino que configura su particular campo conceptual como han podido hacer de forma análoga, por ejemplo, la sociología de las organizaciones, la sociología del deporte, o la sociología urbana.

Se añade, finalmente, el discurso jurídico tecnocrático sobre infancia, al que preferimos en este estudio incluirlo en el discurso sociológico de corte aplicativo. De acuerdo con este marco general que ya constituye un importante avance en el intento de ampliar la masa crítica de una sociología de la infancia, indudablemente corresponde al ámbito académico la responsabilidad de trabajar –producir conocimiento- la temática de infancia bajo consideraciones epistemológicas –que no pueden ser otras que las de la sociología- y presupuestos conceptuales que den pie a elaboraciones teóricas lo suficientemente rigurosas, elaboraciones que den cuenta de la complejidad de la realidad concreta y que, a su vez, se nutran de esta. Hemos insistido ya lo suficiente sobre la dificultad que supone para una sociología de la infancia el problema de la indiferenciación entre la realidad concreta y la realidad pensada.

Quizá, cabría ilustrar con un elemental ejemplo la idea inmediatamente anterior. Cuando se plantea como un tópico investigativo el problema social del embarazo precoz y no se lo define como objeto de estudio o problema sociológico sobrevienen inmediatamente las dificultades investigativas.
Ante todo, la temática propuesta no cuenta con un enunciado de investigación definido y delimitado conceptualmente; ¿qué se va a indagar de ese problema?, ¿qué grupo de mujeres adolescentes va a ser considerado?, ¿cómo incide el nivel instruccional?, ¿de qué tipo de familia procede?, etc, etc.. Como puede observarse pueden formularse decenas de interrogantes, todas ellas válidas e incluso factibles para levantar un registro inventariado, pero mientras su enunciado no se enmarque en un marco categorial que determine la elaboración de un marco teórico pertinente, la posibilidad de generar pensamiento sobre el tema correrá el
riesgo de quedarse en un simple registro o en el nivel de una especulación ensayística sin sustento investigativo.

Cosa muy distinta sería contar con un enunciado que ya denote un uso conceptual de los términos utilizados. Si se plantea, por ejemplo, “Ausencias paternas y maternidad adolescente: el embarazo precoz en jóvenes de 15-17 años en colegios de Quito”, nótese que ya en el enunciado existen categorías (ausencias paternas y maternidad adolescente) sobre las que habrá que trabajar en una dimensión teórica para poder comprender mejor las distintas posibilidades que pueda presentar la realidad concreta del grupo a investigarse.
Lo realmente interesante y esencial, en términos de evidenciar la importancia de la problematización sociológica como paso ineludible para eficaces intervenciones y producción de políticas sociales, radica en el hecho de que a través de los resultados de la investigación, que servirán como parte del acumulado de la sociología de la infancia, podrá determinarse la conveniencia o no de posibles intervenciones, de la necesidad de utilización de una u otra estrategia, de la adopción de criterios nuevos para enfrentar este problema, etc.
Al contrario, una posible aplicación directa de conceptos sociológicos generales puede generar una complejidad mayor en el problema social concreto y, de modo más obvio, las posibles intervenciones sustentadas únicamente en el sentido común, puede profundizar y agudizar el problema hasta situaciones insostenibles. Sin embargo, de todo lo dicho y de una expresa toma de posición por retomar con seriedad cauces más sociológicos para comprender la infancia, quienes asuman el reto de ir construyendo una sociología de la infancia deberán procesar las propuestas y trabajos que se ubiquen en
una línea más infantológica y en el terreno de la sociología aplicada. Una sociología de la infancia será tal, si es capaz de deconstruir
los discursos infantológicos y mostrar las limitaciones de este tipo de discursos, tanto en el orden teórico como en sus posibles efectos.

Sánchez-Parga, J., Para una sociología de la infancia. Maestría en Política Social para Promoción de la Infancia y Adolescencia, UPS, Quito, 2003.

Martínez Muñoz, M. Recensión crítica del texto de Lourdes Gaitán “El espacio social de la infancia. Los niños en el Estado del Bienestar”, en NATS, Revista Internacional desde los Niños/as y Adolescentes Trabajadores, Año VI-No 10- Mayo 2003.

Hall Stuart, “Cultural Studies: two paradigms”. Media, Culture and Society, London, 1980.

4 Sánchez-Parga, op. cit.

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sociología de la infancia y política social

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