Criminalización de la juventud marginal

Artículo presentado por Marie-Astrid Dupret en la Revista Universitas.

Resumen 

Bajo los efectos de la posmodernidad y de la desestructuración social y familiar correlativa, la construcción identitaria del sujeto se ha complicado y la adolescencia se ha transformado en una etapa de la vida muy difícil de transitar y superar, a falta de un ideal de vida y de referencias éticas estructurantes. Para los jóvenes de la marginalidad, esta situación es más compleja aun por las múltiples carencias no sólo materiales sino psicológicas, educativas y culturales que viven. El empujo al actuar, típico de este momento, les lleva a cometer trasgresiones delincuenciales muy graves. La única manera de revertir su destino criminal sería crear políticas de inclusión sociocultural dentro de una nueva institucionalidad simbólica.

Introducción: la marginalidad avanzada

Si el mundo contemporáneo se preocupa por las grandes tormentas financieras que vive, por los reajustes presupuestarios de los Estados en bancarrota, y también por las catástrofes naturales o no tan naturales del cambio climático, hay un sector cuya realidad está muy olvidada, abandonada y estigmatizada más que nunca; el de la relegación social que alcanza niveles cada vez más altos
y un número de personas en continuo crecimiento.
En las últimas décadas, con la aparición de megápolis y de ciudades tentaculares, el paisaje urbano se ha modificado profundamente, con una repartición de los habitantes en zonas diferentes, desde un punto de vista económico y según su origen sociocultural. Ahora una amplia franja de la población más desfavorecida se concentra en barrios bien circunscritos, creando concentraciones de miseria y de desatención estatal, con condiciones de vida cuya precariedad ha aumentado grandemente con las crisis de las últimas décadas. Es en este contexto inédito que se observa una tendencia a la criminalización de la juventud marginal, expresión que se puede entender de dos maneras: la primera hace hincapié en la vía a sentido único reservada al adolescente marginal para encontrar una posición en la sociedad –no hablamos de un lugar de existencia, porque el mercado no tiene espacios disponibles para ellos1; la segunda remite a la mirada que las distintas entidades de la sociedad, el Estado, las Instituciones, o el simple ciudadano- llevan sobre los jóvenes excluidos cada vez más estigmatizados como criminales en potencia, y por lo tanto objetos de medidas represivas y de controles insistentes.

El concepto de ‘marginalidad avanzada’, propuesto por Loïc Wacquant para referirse a la especificidad de la segregación social en la posmodernidad parece muy fecundo. Como escribe el autor: “El calificativo de ‘avanzada’ apunta a indicar que estas formas de marginalidad […] se levantan delante de nosotros: están inscritas en el devenir de las sociedades contemporáneas”, y continua el autor, “por consecuencia es urgente diagnosticarlas con el fin de darse los  medios de trazar nuevas vías de intervención pública capaces de bloquear o redirigir las fuerzas estructurales que las engendran. […]”:

Si nuevos mecanismos de incorporación social y política no están establecidos para reintegrar las poblaciones desechadas en aquellos territorios de abandono, se puede esperar que la marginalidad urbana siga extendiéndose y, con ella la violencia de calle, la alienación política, la desertificación organizacional y la informalización de la economía que mina los barrios de relegación de las grandes ciudades de las sociedades avanzadas (Wacquant, 2006: 241).
Muchas son las consecuencias socioculturales y psicológicas de esta situación, agravadas por los discursos consumistas que acompañan el neoliberalismo y por los cambios radicales de las coordenadas de tiempo y espacio de la posmodernidad. Por cierto, la creación de propuestas políticas adaptadas depende de una comprensión sociológica de esta nueva marginalidad pero no hay respuestas eficaces al mal vivir de un grupo social si se desentienden de las cuestiones psíquicas, culturales y educativas correlativas.

En las próximas páginas, los jóvenes de los sectores marginales y las particularidades de su proceso de subjetivación en este ambiente adverso de carencias y de privaciones de muchas índoles centrarán nuestra atención. Más que proponer estadísticas o narrar experiencias de vida particulares, se intentará poner de relieve los rasgos estructurales que se dibujan a través del filtraje de la singularidad de cada caso. Porque dondequiera que se encuentra el adolescente relegado, un barrio periférico de Quito, un ghetto negro de Chicago, el suburbio de París o una favela brasileña, las condiciones de vida y la segregación son similares en la mayoría de sus aspectos y constituyen la causa primordial de la dinámica de violencia y de la delincuencia juvenil grave. Antes de profundizar la problemática de criminalización de la marginalidad, conviene desviarnos por algunos temas que surcan el desorden y los discursos
posmodernos, y que marcan de su impronta el pasaje adolescente, con el fin de entender mejor los impases que constituyen el trasfondo de la vida de una juventud relegada.

1 El caso de los Roms en Francia y en otros lugares de Europa es ejemplar de esta situación.

Descarga el artículo completo aquí:

Criminalizaciondelajuventudmarginal

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